lector missak lom

 

Por Iván Martínez Berríos

 

Louis Dragère, un periodista que trabaja para el diario L'Humanité a mediados de la década de los 50 del siglo XX en Francia, realiza una crónica sobre las pandillas que pueblan París. El escenario de fondo es una ciudad amenazada por la crecida de los ríos que la cruzan, en medio de un lluvioso invierno. Así comienza la narración de Missak, novela escrita por Didier Daeninckx, periodista e intelectual francés, autor de una destacada obra adscrita al género negro y policial.

Prontamente Dragère es requerido por parte de las máximas autoridades del Partido Comunista Francés (PCF). Debido al impacto que les ha producido la redacción de un artículo de su autoría sobre una fábrica de productos químicos, el periodista parece ser el indicado para llevar adelante una reservada investigación sobre un grupo de combatientes de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

La misión de Dragère consiste en recabar la mayor cantidad de información acerca de este grupo y en especial sobre su líder, Missak Manouchian, con motivo de la pronta inauguración de una calle que servirá de homenaje a sus integrantes, partisanos en su mayoría inmigrantes que pertenecían a los FTP-MOI de París, los que fueron capturados, torturados, enjuiciados y ejecutados por el Tercer Reich debido a sus acciones de desestabilización calificadas por los nazis como «crímenes» de un grupo de terroristas extranjeros que atentaban contra la soberanía y el bienestar de una Francia paradójicamente sometida a las fuerzas militares alemanas.

Dragère será comisionado entonces por el Comité Central del PCF para asegurar que el homenaje al llamado Grupo Manouchian no despierte críticas o ataques indeseados de sus adversarios, liberándolo de sus obligaciones en el diario para dedicarse en exclusiva a la «investigación».

El periodista comienza entonces un recorrido por la historia, que busca reconstruir por medio de diversos testimonios los hechos que culminaron con el fusilamiento de Manouchian y sus hombres la mañana del 21 de febrero de 1944 en el Fuerte de Mont Valérien, a escasos seis meses de la liberación de París por parte de las fuerzas aliadas.

La vida de Missak Manouchian, proveniente de una familia campesina armenia, cuyo destino lo llevó a sobrevivir junto a su hermano al brutal genocidio perpetrado por Turquía durante la Primera Guerra Mundial, es reconstruida como un puzle que Dragère irá completando tras cada encuentro y conversación que va sosteniendo con distintos personajes, el primero de ellos, el poeta Louis Aragón, a quien el Partido le encarga un poema para homenajear a Manouchian, el que estará basado en el último testimonio escrito de Missak, una carta para su esposa Mélinée, donde reflexiona con profunda tristeza sobre su próximo destino, pidiéndole que después de su muerte busque la felicidad que dolorosamente no ha podido entregarle y que honre su memoria publicando sus poemas y escritos.

Nos encontramos ante la primera pista de la figura de Missak Manouchian, un hombre que ha sido «muerto por Francia» y señalado como un criminal por la propaganda nazi, los que preocupados de que los miembros del grupo fueran considerados héroes tras su muerte, redactaron imprimieron un afiche conocido como el «cartel rojo», donde exhibieron fotografías de los rostros de diez de ellos, ironizando sobre sus «hazañas criminales», y que lejos de conseguir el efecto deseado por los alemanes generó el repudio hacia los invasores y la simpatía del pueblo hacia los combatientes. Una parte de éste afiche original se reproduce en el diseño de la cubierta del libro editado por LOM ediciones y traducido del francés original por Miguel Carmona Tabja.

La emotiva carta de Manouchian a su mujer esconde detrás de unos puntos suspensivos el primer secreto con el que Dragère se encontrará, y que lo llevará a contrastar las distintas versiones, testimonios, incluso acusaciones que irá escuchando de los entrevistados, entre los que figuran desde amistades cercanas de Manouchian como la señora Aradian que permite conocer aspectos de su primera infancia; o un tejedor de apellido Hampartsoumian, cuyo hermano viajó en el mismo barco en que Melinée había dejado París; o Armene, su cuñada quien le relata episodios que revelan el quehacer social, político y amoroso de Missak, hasta personajes como los padres de un cantante novato que comienza a construir su leyenda en el escenario del Moulin Rouge, Charles Aznavour, cuyo origen armenio se cruza con la historia de Missak y de su esposa, el pintor Krikor Bédikian, o Charles Tillon, el antiguo jefe de los francotiradores y partisanos, entre muchos otros.

La novela, plagada de referencias históricas, nombres, fechas, calles, barrios, marcas de autos, objetos y personajes que salpican como el agua que hierve, exige una lectura atenta. Si no fuera por la excelente prosa con que está escrita, a ratos perderíamos la pista del recorrido por el que nos conduce el investigador.

El bullicio de los bares, los cafés, los restaurantes, el ajetreo de las estaciones de trenes, las sedes partidarias, las estaciones de policía, el silencio de la sala de cine, afición recurrente del protagonista, que cita desde Brando a Pedro Armendáriz, el ruido de los motores de los autos, de las motos, la bohemia de la noche parisina y el silencio de sus amaneceres, el frío, la lluvia, todo está al servicio de reconstruir dos tiempos que confluyen permanentemente: una ciudad ocupada y otra liberada once años después. La historia que se abre paso en cada lugar donde estalló una bomba, donde se produjo un asesinato en la lucha por la recuperación de la libertad, una memoria que reside los habitantes de ese París, algunos que tienen necesidad de contar para reivindicar, otros que prefieren callar y dejar atrás los recuerdos que producen dolor.

La historia personal de Dragère a medida que avanza la novela también se revela como una parte de la memoria colectiva, su propia madre juega un papel importante en los sucesos que marcaron las décadas pasadas. El periodista se confunde a ratos con un detective, al más puro estilo del noir, el que a veces pierde la paciencia, que exige conocer una verdad que al final no sabe si debe informar o guardar para sí. Desde el encuentro con el poeta Aragón y el descubrimiento de una parte omitida en la carta de Manouchian, las dudas van creciendo, la información se va acumulando en forma fragmentada, en momentos confusa, pero que lentamente va encajando. Así, la novela se desarrolla capítulo a capítulo, veinticuatro en total en poco más de 200 páginas, como el juego del «compra huevos», cada testimonio lleva a un nuevo actor que podría «informar mejor», «saber más» e incluso «corroborar» lo relatado, testimonios que a ratos le parecen inverosímiles y un poco difíciles de asimilar.

Su compañera, Odette, se encuentra al cuidado de su madre enferma en la localidad de Juvisy. Dragère se comunica con ella por medio del teléfono de la conserjería del edificio. Poco a poco el regreso de Odette se hace inminente y Dragère termina involucrándola en su investigación para evitar que la estricta reserva que ha guardado hasta entonces afecte su relación. Odette acompañará a Dragère en sus investigaciones y seguirá atentamente sus avances hasta que poco a poco la pareja retomará su vida habitual, la salud de la madre de Odette comenzará a recuperarse lentamente. Dragère entregará su informe y volverá a la redacción del L'Humanité a seguir con sus crónicas sobre las pandillas. Las aguas de los ríos volverán a la normalidad. París resistirá. Por las calles de la ciudad resuena la historia, la memoria se hace presente en el acto de homenaje de un grupo que luchó por el sueño de una Francia libre, de una patria que también les pertenecía. El mundo está en orden, como presagiaba Manouchian en su carta «el pueblo alemán y todos los otros pueblos» viven en paz.

 

lector lom andrei makine

 

Por Iván Martínez B. 

 

Archipiélago de una vida otra es una novela del escritor francés de origen ruso de Andreï Makine, ganador de variados reconocimientos por la calidad de su obra, entre los que destacan los premios Goncourt y Médicis. Editada por LOM ediciones, Archipiélago de una vida otra fue traducida a nuestro idioma por Nicolás Slachevsky Aguilera, y en poco más de 170 páginas presenta una interesante narración ambientada en la segunda mitad del siglo XX, en la costa oriental rusa, que sigue la historia de Pavel Gartsev, un filósofo y reservista del ejército, que debe partir en la misión de captura de un peligroso «enemigo del pueblo» que huye armado entre medio de la espesa vegetación de la taiga rusa con destino a un grupo de islas del Pacífico.

A pesar de que la narración se centra en el relato de Gartsev, su historia se enmarca dentro de otra, la de un joven recientemente llegado a Tugur, lugar donde ambos personajes cruzarán sus destinos, iniciando una relación que en distintos momentos los conducirá a una travesía personal hacia las islas Chantar, para darle a cada uno un significado sobre el sentido de la vida misma.

La novela comienza con la narración de un joven que junto a otros chicos de su edad son trasladados desde la Siberia Central al Extremo Oriente de Rusia como aprendices de operadores de grúa y geodestas principiantes. Allí observa a un hombre que llama su atención y al que decide seguir a través del espeso bosque donde se interna.

Inexperto conocedor de la taiga, el joven termina siendo capturado por el hombre al que persigue, quien finalmente comenzará la narración de su propia historia, la de Pavel Gartsev, soldado del ejército ruso que un día deberá dejar a su mujer y su hogar en Leningrado para partir a un entrenamiento militar en un mundo que vive bajo el inminente estallido de una tercera guerra mundial. El relato de Gartsev se extiende desde su infancia a la heroica misión que le ha impuesto la Patria, en medio del contexto de la amenaza yanqui, la guerra de Corea y un imperio comunista que comienza a desmoronarse.

El relato de Gartsev es lo que da origen al grueso de la novela, una sucesión de aventuras de un grupo de cinco soldados escogidos para dar captura a un peligroso criminal, hombres que a lo largo de toda la travesía darán cuenta de lo brutal y despiadada que han sido las décadas anteriores, marcadas por la guerra y el totalitarismo, mostrando lo mejor y lo peor de cada uno, en aquello que el propio Gartsev ha reparado con cierta decepción: la legitimidad de la violencia.

La persecución del criminal por parte de los soldados, implica un viaje tanto externo como interno de los personajes. El día a día de estos hombres gira en torno a las reflexiones sobre la guerra, las mujeres, la caza y las armas. Gartsev, quizás por su formación como filósofo, cuestiona permanentemente el sentido de los sucesos que van acaeciendo y se enfrenta a los dilemas morales que se le presentan, atormentado en extremo por su pasado en batalla y las atrocidades que le tocó presenciar. La relación de los soldados cuestiona la obediencia ciega, expone el abuso del poder, los métodos de tortura y represión, de un régimen que a pesar de que comienza a retirarse, deja una huella imborrable en todos ellos.

Devenida en cacería, la persecución se transformará en una lucha por la sobrevivencia y el ansia de libertad, no tan solo del perseguido, sino que también de algunos de los perseguidores, los que se irán liberando y rebelando al papel que les toca representar. La maldad y crueldad humana será expuesta sin tapujos, cuestionando la posibilidad de un cambio real, convirtiendo el mejoramiento de la humanidad en una quimera.

Los perseguidores son también seres perseguidos, atormentados por su propio pasado, crímenes que regresan en sueños, «miradas que pedirán rendir cuentas» a futuro. «Hay que tocar fondo» señala uno de los soldados. «El dolor está hecho para revelar al hombre», manifiesta otro.

Gartsev reflexiona permanentemente sobre la condición humana, transformando un relato que parece ser una simple anécdota en algo de una dimensión mayor, donde el destino final, un archipiélago de difícil acceso, se transforma más que en un lugar físico, en un símbolo, un espacio de libertad, una esperanza para un mundo destinado a la destrucción, cuya mejor salida parece ser la búsqueda de esa «vida otra» o el sentido del «vivir» que mencionan los personajes.

Finalmente hay un punto de conexión entre las dos historias presentadas, pero no es posible dar cuenta de él sin inmiscuirse en las sorpresas que el relato tiene preparadas a quien se embarque en su lectura.

No deja de ser curioso que el personaje central tenga formación filosófica, así mismo el autor y coincidentemente el traductor, quien mención aparte logra presentar un texto realmente fluido.

Archipiélago de una vida otra es una novela que permite múltiples posibilidades de lectura, incluso la de reflejar la fractura social que Chile vivió el siglo pasado, nuestra propia «guerra», nuestros muertos, heridos, desaparecidos, heridas, culpas, la dominación por parte de aquello que el personaje llama la «marioneta de trapo», la voz interior que nos somete y nos empuja a conocer lo peor de nuestra existencia, a la vez que limita y aprisiona nuestras conciencias.

Por Magdalena Vigneaux A.

 

lector maria carolina geel


Hoy rescatar y reconocer a mujeres que han hecho un aporte significativo en los distintos campos del conocimiento y la cultura es una operación que está marcando tendencia. Ejemplo de ello son publicaciones como Mujeres Bacanas (2017), Mujeres Bacanas Latinas (2019) -doblemente oprimidas: por mujeres y por latinas- o Chilenas (2017), de María José Cumplido. Para un público infantil, destacan Pioneras (2019), de Espido Freire, y los varios títulos publicados por Alba Editorial sobre mujeres de diferentes ámbitos que han tenido un gran impacto en la historia contemporánea, desde la científica Marie Curie hasta la modista Coco Chanel, pasando por por la pintora Frida Kahlo y la educadora María Montessori, entre otras importantes mujeres.

En este breve texto, que se suma a los esfuerzos antes descritos, me gustaría rescatar la figura de Gertrudis Silva Jiménez, más conocida por el seudónimo de María Carolina Geel, quien se adelantó setenta años al ejercicio hoy en boga de reconocer y revalorizar el trabajo de nuestras congéneres. En efecto, en 1949, esta autora publica el ensayo Siete escritoras chilenas, en que revisa la obra de, tal como lo indica su título, siete escritoras nacionales: Gabriela Mistral, María Luisa Bombal, Marta Brunet, Amanda Labarca, María Monvel, Chela Reyes y Luz de Viana. Este ensayo, como la misma Geel indica, viene a llenar el vacío que representa la falta de un volumen que reúna los nombres y destaque las obras de las mujeres, cuya labor literaria «es de incontrovertible valor y trascendencia».

A pesar del valioso aporte a la crítica literaria que representa Siete escritoras chilenas, en el prólogo, Geel dice que se trata solo de un reconocimiento y no de una tarea crítica, probablemente como una manera de no entrar en disputa -o incluso disculparse- por inmiscuirse un terreno predominantemente masculino. El ensayo, a su vez, tiene un valor literario en sí mismo, pues en él la autora plasma sus propias lecturas e impresiones de las escritoras que reúne.

 

lector maria carolina geel carcel de mujeres

 

Algunos años más tarde, en 1955, María Carolina Geel protagoniza el famoso «Crimen del Crillón». Desde prisión, escribe la novela Cárcel de mujeres (1956), supuestamente motivada por una petición de Alone, quien se convierte en una suerte de protector o defensor de la escritora y la ayuda a resituarse en el panorama literario chileno. Si en Siete escritoras chilenas Geel recuperaba al grupo aristocrático de las escritoras, aquí retrata a aquellas mujeres que se encuentran en los márgenes de la sociedad. Esta novela da a conocer el entonces desconocido mundo carcelario femenino.

En Cárcel de mujeres, además de la violencia y las relaciones jerárquicas dentro de la cárcel, se muestran las relaciones amorosas y sexuales de y entre las mujeres presas. Al narrar, Geel toma distancia no solo de las otras reas, sino también de su propio crimen, al que nunca se refiere con el nombre de asesinato. En este sentido, la novela abre la reflexión de hasta qué punto somos dueños de nuestros propios actos.

 

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*Magdalena Vigneaux Ariztía es Licenciada en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Ha realizado ayudantías en varias oportunidades, entre las que destacan la de la cátedra de Lengua Latina y su participación en el Programa de Lectura y Escritura Académicas de la Pontificia Universidad Católica. Ha participado en proyectos Fondecyt y Fondart centrados en estudios literarios. Sus intereses se dirigen a la documentación literaria, la edición de textos y la filología española.

Por Francisca Rodríguez

 

lector medular andrea calvo sherezade ediciones

 

Hay libros que invitan a un viaje profundo, subterráneo. Libros que sumergen al lector en los abismos, que calan hondo, que dejan huella.Que crean imágenes que reverberan, construidos con palabras que tienen eco. Aquellos libros que al ser leídos una segunda o tercera vez, siguen sorprendiendo tanto o más que la primera. Ese es el caso de Medular, de Andrea Calvo Cruz.

No hay nada inocente o accidental en la escritura de la autora. El uso preciso del slang, de anglicismos y palabras referidas a las redes sociales le permite construir textos frescos y actuales. Cada frase, título o epígrafe ha sido elegido con delicadeza, demostrando un dominio exquisito de la microficción. Tanto así, que sorprende saber que este es su primer libro publicado.

 

lector medular andrea calvo

 

Con una pluma certera y ágil, la escritora nos conduce al inframundo a través de un pasaje compuesto por 47 microcuentos. Estos están organizados en cuatro apartados, cada uno de los cuales empieza con textos seriados: así, la escritora conduce al lector hacia las profundidades. Los círculos concéntricos que anteceden a cada uno de los apartados dan las pistas acerca de los niveles en los que se va ingresando.

Medular es un libro que logra estremecer y conmover al lector. Es un conjunto que textos que incomoda, que obliga al lector a posicionarse valórica y políticamente en cada página. Son textos escritos de manera tan brutal como delicada y que Ediciones Sherezade sabiamente incorpora a su catálogo de microficción. El libro, en tanto objeto, es una publicación hecha a mano, de 300 ejemplares numerados, en un formato de bolsillo y a un precio accesible. Es uno de los libros imprescindibles para el lector ávido.

Por Magdalena Vigneaux A.  

 

lector emmanuel carrere tres novelas compendium

 

La no-ficción ha sido el género que, probablemente, ha dado a Emmanuel Carrère fama internacional. Sus novelas relatan historias reales y el autor ha llegado incluso a afirmar que no escribe romans–novelas–, sino memories–memorias. Como fuere, sin duda comportan el carácter ficticio propio de la novela en cuanto, por más que se basen en hechos reales, es el autor quien debe llenar los vacíos. Más aún cuando Carrère no pretende una objetividad –a diferencia de Truman Capote, quien se ha considerado el padre de la non-fiction novel–, sino que quiere poner de manifiesto que se trata de su punto de vista y es por ello que opta por narrar en primera persona.

Anagrama ha reunido tres de sus novelas de no-ficción en un solo tomo de la Colección Compendium: El adversario (2000), Una novela rusa (2007) y De vidas ajenas (2009). Cada una de ellas ha sido publicada, además, de manera independiente en la Colección Compactos de la misma editorial.

 

El adversario

Esta novela está basada en la historia de Jean-Claude Romand, un hombre que asesina a su mujer, sus hijos y sus padres e intenta, sin éxito, suicidarse. Sin embargo, no son los múltiples asesinatos ni el hecho de tratarse de su propia familia lo que hace a Carrère interesarse por el caso, sino lo que al poco andar revela la investigación: el hombre no era médico, como pretendía ser, pero tampoco era ninguna otra cosa. En consecuencia, el autor se pregunta por el día a día de este personaje; cómo hacía para sostener la impostura.

A lo largo de la novela, el autor, a la vez que responde esta interrogante, va reflexionando sobre la naturaleza humana. Además, muestra el mismo proceso de construcción de la novela y la problemática sobre el punto de vista desde el que abordar un crimen tan horroroso.

 

Una novela rusa

Un hombre húngaro que ha pasado cincuenta y tres años en un hospital psiquiátrico de Kotelnich, una pequeña ciudad al noreste de Moscú, es encontrado por azar y se ordena su repatriación a Hungría. El mismo año en que había desaparecido este hombre desapareció otro: el abuelo materno del autor, quien, a diferencia del húngaro, nunca regresó. Así pues, Carrère emprende un viaje a Koltenich, sin un propósito muy claro, pero esperando que este pueblito le dé una especie de respuesta que le permita exorcizar el fantasma de su abuelo. En forma paralela, su relación con Sophie atraviesa una crisis, que intenta salvar dedicándole en Le Monde un relato erótico que ella deberá leer bajo ciertas condiciones.

Esta novela nos habla de las imprevisibles, y a veces terribles, respuestas que nos da la realidad cuando elaboramos planes para dominarla. También, del amor, la infidelidad, los celos, la locura, el horror y, sobre todo, del sufrimiento y de las consecuencias de prohibirse sufrir. Finalmente, Una novela rusa plantea la escritura como una posibilidad de cerrar las heridas.

 

De vidas ajenas

Esta novela, como sostiene el propio Carrère, puede ser leída como el opuesto o el positivo de El adversario. En esta última, Jean-Claude Romand, el protagonista, es la mentira y la desgracia personificadas, mientras que, en De vidas ajenas, Juliette y Étienne, dos de los personajes principales, encarnan la justicia y la verdad.

En De vidas ajenas, se relatan las muertes de dos Juliette­ –la de una pequeña niña y la de una mujer de poco más de treinta años– y se muestra cómo estas afectan a sus seres queridos y parientes más cercanos. Este relato, por tanto, nos habla de la muerte ­–y su contrario: la vida–, pero sobre todo del amor y los afectos. Además, aborda temáticas como la enfermedad, la discapacidad y la justicia.

 

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*Magdalena Vigneaux Ariztía es Licenciada en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Ha realizado ayudantías en varias oportunidades, entre las que destacan la de la cátedra de Lengua Latina y su participación en el Programa de Lectura y Escritura Académicas de la Pontificia Universidad Católica. Ha participado en proyectos Fondecyt y Fondart centrados en estudios literarios. Sus intereses se dirigen a la documentación literaria, la edición de textos y la filología española.

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