lector pornos fe orellana

“No puedo ni ir al súper de la esquina ni al cine sin pensar que va a salir un gringo loco disparándole a la gente…”

Por Ernesto González Barnert

Visité a Fe Orellana en La Jolla, cerca de San Diego, California, donde aprovechamos de entablar una conversación acerca de su mirada literaria, tras su premiada novela debut Mujer colgando de una cuerda (PorNos Ediciones, 2017), aprovechando también su distancia con Chile, en la tierra donde Raymond Chandler, pasó sus últimos años. Antes les dejo el link del book trailer de Mujer…, y los invito a leerla si no lo han hecho esta notable novela medusiana que acontece en un oriental y sádico centro de Santiago: https://www.youtube.com/watch?v=AXBvYRpmCIw

¿Qué significa escribir en estos días una novela negra, de cuño policial?

–Para mí el policial se para en dos patitas súper importantes. La primera es su temática, en cómo toca situaciones que nos chocan como ciudadanos, como personas en general, ya sea tráfico de personas, femicidios, crisis medioambientales, corrupción política, y de ahí su diversidad que depende del país o región de donde sea el autor. Es súper diferente leer a autores nórdicos a latinoamericanos porque viven realidades totalmente opuestas. Lo segundo es cómo armar estas obras, adentrarse en escribir estructuras narrativas que mantengan al lector despierto, enganchado. Creo que es un desafío y desde ahí me interesa mucho, como si leer–escribir en el género fuera una escuela de cómo mantenerse medianamente cuerdo frente a la incertidumbre. Bueno, no estoy diciendo nada nuevo tampoco, de ahí viene la idea del suspense, esa adrenalina de querer saber qué viene en la página siguiente. En ese caso, el desafío es tratar de aunar ambos elementos que, a fin de cuentas, es el conflicto a la hora de emprender cualquier obra literaria.

 

¿Cómo ves el panorama en Latinoamérica o EE.UU., donde eres ahora un inmigrante?

 –Soy un esperanzado en el presente y en el futuro. Me alegra descubrir cada día nuevas voces, que se estén publicando cada vez más libros de autores chilenos y latinoamericanos por editoriales independientes e incluso por las grandes. Que los espacios se abran y que haya un panorama amplio siempre será bueno. Acá encuentro que los gringos tienen una onda mucho más contenida, cerrada, o quizás la palabra correcta es «institucionalizada», desconocen la espontaneidad que a los latinos en general, chilenos incluidos, nos sobra. También he podido escuchar, conocer y leer a autores de los que no tenía idea y que te abren mundos nuevos y que funcionan en otras sintonías. El otro día fui a una lectura de Marilyn Chin, por ejemplo, una poeta maravillosa de la que no tenía idea y que me voló la cabeza. Por otro lado, para mí el gran peso literario de estar en Estados Unidos pasa por estar fuera de mi lengua, y eso podría ser así en cualquier otro lugar donde no se hable español. Hasta ahora no me ha agarrado desde la nostalgia, sino como un «tomar conciencia» de forma más profunda de la originalidad de tu idioma, de darle más vueltas a cada palabra al escribir y entenderla en su singularidad. Lo otro es extraliterario, la confusión de estar en otros contextos, los prejuicios y la sobreinformación que te hacen estar más despierto o alerta. No sé, hasta ahora no puedo ni ir al súper de la esquina ni al cine sin pensar que va a salir un gringo loco disparándole a la gente, cosas así.

 

Cuáles son tus influencias en la novela noir o policial?

 –Siento que entré al noir de forma tangencial, con autores que distorsionan un poco sus reglas. Pienso en Pynchon con los libros como Vicio Propio o Al Límite, que te demuestran que siempre hay truquitos escondidos. Lo otro es lo clásico que todos conocemos, ya sea por cultura popular o de oídas: Sherlock Holmes, Agatha Christe, incluso Huaquimán y Tolosa, para mí que eran un cabro chico adicto a la tele penca de esa época. A mi entender, es mejor que las grandes influencias de tu obra vengan desde fuera del género que estás haciendo, sino se van replicando procedimientos, temas, enfoques. Todorov hablaba de eso mismo, que si uno busca imitar un género con las mismas reglas que los autores que te preceden, al final se provoca un estancamiento. Mariana Enríquez con el terror hace ese experimento, ella le dio un giro novedoso y siento que es de las grandes escritoras latinoamericanas en la actualidad. En Chile está Paula Ilabaca, que pasó de la poesía al policial, dándole una frescura con su libro La regla de los nueve y que, además, hace un trabajo que encuentro importante con el taller que dirige junto a Fernando, su papá, urdiendo un cruce entre lo literario y el trabajo en criminalística.

Dicho todo esto en cuanto a la novedad, confieso que soy un fan acérrimo del hard–boiled, de Patricia Highsmith, del policial nórdico y, sobre todo, de Hans Rosenfeldt, un guionista sueco que creó dos de mis series favoritas: The Bridge y Marcella. El resto de mis influencias actuales fluctúa entre la poesía de la Emiliana Pereira y el Maxi Andrade, la narrativa de Chris Rosales, algunos tratados de zoología, los ensayos de María Negroni y la música de Rosalía, Kali Uchis, Elle Theressa y Tyler The Creator.

 

¿Qué tal va tu escritura tras tu novela Mujer colgando de una cuerda? ¿Cuál es la línea en que ahora trabajas?

–Mi escritura está tratando de acomodarse entre un par de encargos de traducción, los proyectos propios que quiero terminar, los que quiero empezar y también para los que tengo tiempo, ese recurso siempre tan limitado. A grandes rasgos, estoy es una transición entre una escritura más meta–literaria, conceptual y encerrada en sí misma, que era lo de Mujer colgando de una cuerda, a algo de más largo aliento y enfocado en la investigación policial en sí. Es una novela basada en un caso real que pasó en los ochenta en Chile, del que no puedo decir mucho para no espoilear, pero estoy situando la historia en el contexto de ahora, con un equipo de tiras donde la jefa es una detective fanática de la música new wave y dark. Eso a grandes rasgos. No me caso con que esa va a ser mi escritura de aquí al futuro, pero sí me siento cómodo en ella y alimenta mis ganas de crear. Puedo terminar con esa frase hecha para los que no saben qué más decir: el resto de los detalles prefiero mantenerlos en reserva.

 

Y por último, vives en La Jolla, te has topado ya con Raymond Chandler?

–Aún no he tenido la suerte de toparme con el fantasma de Chandler por acá. La Jolla es una zona de San Diego donde la población mayoritaria son jubilados, estudiantes asiáticos y lobos marinos, no sé cómo habrá sido cuando Chandler se mudó para acá, pero seguramente lo hizo buscando tranquilidad y para alejarse de Los Ángeles, que es la ciudad donde vivió y donde transcurre gran parte de su obra. La Jolla me ha recibido bien y me ha permitido descubrir que dentro de su comunidad hay temas escabrosos, como que Andrew Cunanan, el asesino de Versace, se crió y estudió acá. Estoy investigando qué otras tramas oscuras hay detrás de esa cara amable. Me gusta que un ambiente en apariencia tan tranquilo sea propicio para el crimen.

 

¿Aún no tiene una cuenta? ¡Regístrese ahora!

Ingresar a su cuenta