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lector nueve noventa black waters city

 

El libro


«Esta antología de poetas de Black Waters City reúne 24 heterónimos y un autor. O, si se prefiere, 25 heterónimos; pero si me dan a elegir, diría que acá hay un solo autor y un despliegue maduro de recursos poéticos, reflexivos y narrativos. Como en cierta matemática no lineal, la totalidad es mucho más que la suma de las partes, si no, qué me dicen de lo narrativo intercalado en estas páginas, los chispeantes cuentos breves, las delirantes notas bibliográficas, las notas a las notas, las cartas, las declaraciones estéticas… Entonces ¿qué tipo de texto es el que tiene el lector en sus manos? ¿Novela? ¿Crónica? ¿Híbrido experimental? ¿Metapoesía? ¿Todas las anteriores?
Echémosle tierra de una vez a esa frontera entre los géneros y entremos como perro callejero, olfateando, gruñendo y moviendo la cola, a la libertad de formas que aquí se despliegan».


(Extracto del prólogo de Felipe Moncada Mijic)

 

Su autor


Américo Reyes Vera, nacido en Curicó, Chile, el 3 de noviembre de 1960, fue condecorado como el poeta del año 2013 en la Primera Gala de la Cultura y las Artes de la Ilustre Municipalidad de Curicó.
Ha sido incluido en: 100 años 100 Poemas. Centenario Natalicio Pablo Neruda (LOM Ediciones. Santiago, 2004), Poetas del Maule. Antología para el Bicentenario (Editorial Universidad de Talca, 2007) y Antología de Poesía Chilena, Tomo III, de Thomas Harris, Teresa y Lila Calderón (Editorial Catalonia. Santiago, 2018).
En el año 2016 fue finalista del Premio Municipal de Literatura de Santiago con su libro El confesionario, publicado por Ril Editores.
Ha escrito los siguientes libros de poesía: Los poemas plumaveral (Ediciones B 612. Curicó, 1992), Boleros son boleros (Mosquito Editores. Santiago, 1995), Antología Secreta, junto a Rodrigo González Langlois (Ediciones CAUM. Curicó, 2001), El centinela y su cántaro (Ediciones B 612. Curicó, 2010), Que los cuerpos cumplan su destino (Ril Editores. Santiago, 2012) y El flautista (Ediciones Inubicalistas. Valparaíso, 2017).

 

Sobre la obra de Américo Reyes


«A Américo Reyes lo conocí un día de tormenta. Era una de esas tormentas que les desordenan los nombres a las cosas. Allí conversamos. Me contó que era poeta. Pero yo no sabía que era poeta. La tormenta de la cual te hablo siguió adelante. ¡Hay que ver cómo algunos se aferran con dientes y muelas a sus pesadillas! No quieren perdérselas. Pero la tormenta es inevitable. Por eso Américo Reyes transforma cada pesadilla. Porque es una gota en la tormenta, como tú. Y su poesía le canta a los sueños que no se nombran. Estoy seguro que te va a hacer muy bien leer el libro de Américo Reyes. Leer a este Américo Reyes hecho de papel que tienes en tus manos».

(Mauricio Redolés, Prólogo a Los poemas plumaveral, marzo de 1992)

«Hay que comprometerse con la poesía de Reyes, en otras palabras, para disfrutarla, si así pudiera decirse. Hay que desnudarse de ataduras y entrar muchas veces a ciegas, hasta que la mirada diferente, abisal, comienza a presentir y luego a palpar las llaves que abren senderos, en ocasiones truncos, hacia lo secreto, que son emanaciones, claroscuros intangibles, vislumbre de oleajes mayores, donde el alma del que lee, si se hermana a esas corrientes, intuye poco a poco la íntima condición del poeta y sus motivos».

(Adriano Améstica, El “Plumaveral” de Américo Reyes, El Centro de Talca, agosto 23 de 1992)


«Cuando hay poesía auténtica, pura y autosuficiente, no es lo de más el no haberse encontrado, todavía, con su forma exclusiva. Ya llegará y, por mientras, se hace buena y necesaria poesía. Es el caso de Américo Reyes».

(Fernando Quilodrán, Los poemas Plumaveral, El Siglo, mayo de 1993

«Valiente, humanamente contradictorio, preciso, ambiguo a veces, Los poemas plumaveral, el libro de Américo Reyes, es recomendable a toda persona que se precie de leer buena poesía. Vale la pena acompañarlo en sus espejos y espejismos».


(Álvaro Fernández Pagliano, Poesía en susurros, Punto Final, mayo de 1993)

 

«No es rokhiano porque es tenue, no es parriano porque es lírico, y afortunadamente no convierte a su zona geográfica en una bandera nacionalista o identitaria (…) Después de todo, hay que recordar que los más grandes poemas americanos se escribieron en las regiones y no en las capitales, como el Maximus de Olson, o el Paterson de Williams».

(Germán Carrasco, Américo Reyes: el secreto mejor guardado, (comentario sobre Que los cuerpos cumplan su destino) The Clinic, marzo de 2014)

 

«…un libro habiloso, irónico, autorreflexivo y mateo como sólo unos cuantos más en el panorama actual. Que los cuerpos cumplan su destino (Ril Editores, 2012), parece menos una antología que un box-set poético, donde no faltan las explicit lyrics y donde también se incluyen los lados B y las escenas eliminadas, las precuelas y las secuelas de los versos que Américo viene escribiendo sin que nadie o casi nadie en Santiago tome nota».

(Mario Verdugo, Entrevista a Américo Reyes, The Clinic, marzo de 2014)

 

«A través de la utopía, el autor transforma a estas mujeres y hombres atosigados por sus tabúes, a estos aldeanos de oficios humildes estragados en el vino y la noche poblacional, a estas monjas y adoradores de filosofías orientales desengañados, a poetas debatiendo sobre ética y poesía latinoamericana a orillas del Guaiquillo, a relaciones de amigos que poco se aguantan en su fraternidad y, por supuesto, a desengañados del amor, del sexo y de Dios.

(Claudio Maldonado, El rescate de la nostalgia y el autoexilio del hablante en la propia aldea, (comentario sobre El Confesionario de Américo Reyes) en Medio Rural No. 7, 2016)


Un bello poemario, repleto de versos luminosos, vitalistas y definitivos, esbozados con la naturalidad del pájaro que canta porque, de no hacerlo, se moriría.


(Bernardo González, Koppmann, Escuchando “El flautista” de Américo Reyes, www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura Proyecto Patrimonio, septiembre de 2018)

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