Yo Lector: Juan Manuel Silva

lector juan manuel silva
 
- ¿Qué lee Juan Manuel Silva?
 
Terminé hace poco de leer una antología de Robert Pinsky,la novela El desierto y la semilla de Jorge Barón Biza y La hora más corta, de Francisco Díaz Klaasen. Estos días he estado releyendo a Germán Carrasco y unos ensayos de Amiri Baraka y D.H.Lawrence, además de El renacimiento de la poesía inglesa de la editorial Mangos de Hacha.
 
- ¿Cuál es el gran libro que recuerdas de tu infancia?
 
Varios, en realidad. Todos bastante obvios: Papelucho, Las crónicas de Narnia, La Biblia. De los que te acabo de mencionar, probablemente el Éxodo sea el que más me marcó, sobre todo la imagen de la zarza en llamas frente a Moisés: una experiencia que me sigue situando en la ignorancia absoluta.
 
- ¿Qué libro te llevó a descubrir la poesía?
 
Más obviedades: Las flores del mal y Una temporada en el infierno. Creo que leí tan mal esos libros que construí una idea de la poesía que oscila entre un pasadizo hacia todo lo que no tiene explicación o causa ‒lo sobrenatural, lo insólito y esotérico‒ y la continua y alocada transformación de un mensaje antiquísimo que de tanto traducirse se ha vaciado ‒ver todo mensaje como una mutación de uno anterior‒.
 
- ¿Cuándo comenzaste a escribir?
 
Empecé muy chico, en el colegio; pero como siempre ha sido objeto de burla escribir poesía dejé de hacerlo un tiempo, hasta como los 15 años. Después este hábito no ha encontrado interrupción.
 
- Has escrito tres libros de poesía, participas en lecturas y conversatorios, ¿cómo definirías al lector de poesía?
 
Me imagino que hoy el lector de poesía, en primer lugar, es un tipo raro, pues gusta de una escritura que nadie consume, que no tiene valor de mercado, que no es enseñada en las universidades, que los editores no editan, que los libreros no leen y que no le importa a nadie. Ahora bien, más allá de constatar un triste estado de la cuestión, es evidente que hay editoriales que han intentado revertir este fenómeno (La calabaza del diablo, Overol, UDP, Cuneta) y que gracias a internet se ha abierto un mundo de lecturas, pero el lector de poesía sigue siendo una suerte de anomalía.
 
- ¿Cuáles son las grandes búsquedas de tu poesía?
 
Busco más o menos lo mismo que en mi vida cotidiana, en mi trabajo o en mis lecturas: orbitar sentidos posibles de lo real.
Como decía Philip K. Dick «La realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece».
 
- Cómo defi nirías el estado actual de la poesía chilena desde tres frentes: como poeta, como editor y como académico.
 
(como poeta) creo que siempre ha sido más o menos lo mismo: pocos libros me gustan. La gran mayoría es una curiosa mezcla de televisión, prosa, sentido común y gravedad. Aun así he disfrutado leyendo La novela terrígena, Los celacantos, YakuzaAnteayer y El nacimiento de la hebra.
(como editor) es un momento realmente feliz: está todo por hacerse, con mucho por editar y corregir. Hay mucho trabajo, lo que en una sociedad capitalista debiese ser celebrado.
(como académico) preferiría hablar del estado de la crítica: no he leído ‒salvo Andrés Claro‒ textos que hablen de poesía sin utilizarla para argumentar alguna idea sobre el mundo; menos aun que se hable de poesía como una representación particular.
Se escribe de poemas como si fueran películas, videos de música o canciones pop, lo que, imagino, alegra el corazón de muchos teóricos.
 
- Ignacio Valente señaló hace un par de semanas en Artes y Letras de El Mercurio, que actualmente existe una «declinación del gusto poético» debido a que en los últimos 30 o 40 años ha bajado la calidad de la escritura poética. Desde tu labor como editor ¿estás de acuerdo con estas palabras?
 
Mathew Arnold decía que el futuro de la poesía es inmenso ‒como la poesía misma‒, y yo adhiero a esa idea. Leo a Germán Carrasco, Alejandro Rubio o Charles Wright (en sus últimos libros) y no veo declinación.
 
- ¿Son las editoriales independientes las que más apuestan por nuevas voces poéticas?
 
Probablemente, pero hay que ver cómo se comportan esos libros y catálogos, y si la apuesta tiene sentido. No creo que el voluntarismo editorial sea sufi ciente: debiese haber más preocupación por los autores, por la difusión, con la precariedad de la figura del poeta (borracho, vagabundo y fl ojo). Y con preocupación, me refiero a un asunto simbólico, ni siquiera a profesionalizar el medio.
 
- ¿Cuáles son las lecciones aprendidas de la experiencia del año pasado en la Feria del Libro de Buenos Aires?
 
Que Latinoamérica sigue siendo un archipiélago; que ignoramos absolutamente lo que ocurre en los países vecinos y que es importantísimo establecer relaciones literarias con el resto de América.
 
- En 2012 creaste Montacerdos, proyecto editorial junto a Diego Zuñiga y Luis López Aliaga, ¿cómo ha sido esta experiencia editorial?
 
Difícil pero satisfactoria: desplegamos nuestros gustos ‒con las limitaciones del caso‒ para mostrar libros que nos hubiese gustado escribir o que leímos y que no llegan a Chile.
 
- Escribes poesía, ensayo, crítica literaria y ahora acabas depublicar tu primera novela Italia 90 ¿Qué nos puedes contar acerca de ella?
 
Escribo lo que puedo escribir. Pensé ‒cuando empecé a escribir Italia 90‒ que podría representar en parte el binarismo arribista de los noventa en Santiago y, además, parodiar un poco diferentes tópicos muy establecidos y frívolos que a veces frecuentan nuestras narrativas. Todo esto a partir del Mundial del 90 y de mi propia historia, que es la que más conozco. Pensé esta novela como un chiste hecho de chistes, muy en la onda de Freud, aunque ignorando si tenía gracia para contarlos.
 
Definiciones:
 
- Quijote o Amadís:
Quijote
- De Rokha o Neruda:
Neruda
- Batman o Superman:
Batman
 

Juan Manuel Silva Barandica. Santiago 1982. Ha publicado Trasandino (2012) Casimir (2014). Ambos por Calabaza del Diablo. Es Licenciado en Literatura Hispánica. Magíster y candidato a Doctor por Universidad de Chile. Actualmente se desempeña como editor en Planeta Chile.

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