Por Joaquín Escobar

 

lector estoy contigo melania g mazzucco

 

Es enero del año 2013 y estamos en Italia. El frío quema, es espantoso, a ratos resulta insoportable. Una mujer negra llega a Roma. No sabe bien cómo, está plagada de preguntas, el miedo la llena de lagunas que en su desesperación no consigue llenar. Desconsolada llora por las calles. Rabiosa se pone a gritar. Tiene hambre. Necesita un abrigo. Mientras tirita busca comida en los basureros de la ciudad. La gente atareada en la comodidad de sus vidas prefiere hacerse la desentendida y no prestarle atención. La toman por vagabunda. La toman por loca. La desprecian. En medio de este universo de indiferencia un sacerdote decide hablarle. Luego de probar distintos idiomas logran comunicarse. Es una refugiada que huyó del Congo por darle ayuda a unos manifestantes. Estaban protestando contra las arbitrarias medidas del gobierno cuando fueron agredidos por la policía. Al verlos golpeados y desamparados los hizo entrar a la clínica donde trabajaba como enfermera. Les dio medicamentos y contención. 

Al rato llegaron militares. Entraron vehementes y la obligaron a envenenar a los manifestantes. Ella se negó. Como forma de represalia la torturaron, la vejaron, la violaron. Así comienza Estoy contigo, la nueva novela de Melania G. Mazzucco.

Estamos ante un libro feroz. Cada página por la que deambulamos duele. Es un texto que tiene fácil entrada por la extraordinaria forma en que narra la escritora italiana, sin embargo, cuesta avanzar, es dificultoso ir más allá, el dolor -a ratos inenarrable- dificulta el trabajo de un lector que con el correr de las páginas siempre está esperando que ocurra algo peor.

La novela de Melania se homologa con lo que está sucediendo en el Chile actual. Un gobierno despota y aristócrata, defensor de sus privilegios de clase, reprime con furia a una población que clama por sus derechos básicos.

Antes del 18 de octubre algún lector podría pensar la novela de Mazzucco como un tema ajeno e incluso lejano a la realidad chilena, podría verlo como un texto perteneciente a otro país, a otro mundo que en nada se asemeja al nuestro. No obstante cada párrafo nos retrotrae a nuestra cotidianidad, a nuestras calles, a nuestras maneras de construir las formas de la dignidad futura.

La enfermera Brigitte, al ser salvajemente golpeada, piensa que no tiene salida. Que va a morir. Que nunca más podrá estar junto a sus cuatro hijos. Dentro de ese vendaval de violencia, un militar a cargo del operativo la reconoce y ordena detener los golpes. Brigitte había salvado a su esposa un par de años atrás. ¿Azar? No sabemos y nos parece que poco importa. Lo realmente importante es que estamos ante una crónica urgente que merece ser leída y visitada. Estamos frente a un libro-espejo que en sus reflejos nos muestra las siniestras formas bajo las que el mundo entero se sigue maquillando.

 

 

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