lector nicolas meneses throguel online

 

 

Por Joaquín Escobar

 

Es interesante el ejercicio de hibridez que presenta la novela. Hay narraciones convencionales, expedientes judiciales, entradas de blogspot, diálogos de gamers, imágenes de videojuego. Nunca había visto algo similar en la literatura chilena, hay un proceso de mucha innovación y valentía: ¿podríamos estar hablando de alguna especie de neovanguardia?

La novela entronca diversas capas narrativas porque la pensé como una novela-videojuego. Si bien hay antecedentes desde un registro de escritura más comercial, que ficciona con gamers, me parece que en Chile no se había dado, lo que me extraña mucho porque los videojuegos son muy populares desde hace mucho tiempo. La poesía parece estar más atenta: pienso en Tetris de Andrés Urzúa de la Sotta o Código Konami del mexicano Eduardo de Gortari. En narrativa chilena no he visto mayores alusiones, pero no era algo que me importara mucho. Traté de dialogar más con mi experiencia con los videojuegos. Yendo a tu pregunta, no creo que sea neovanguardia, quise trabajar la estética de los MMORPG y afortunadamente los registros cuajaron, incluso el fallo judicial. Lo visual fue un trabajo conjunto con la diseñadora y el editor, así que también hay que darles créditos a ellos. El resultado final fue del equipo. 

 

Si bien es cierto que en la novela se trabaja con un mundo virtual como el de los videojuegos, igualmente hay espacio para retratar las condiciones de existencia a las cuales nos subyuga el libremercado. La precarización laboral, la falta de oportunidades, el costo de la vida. El protagonista le dice en un momento a su abogado: «¿Sabe lo que gano por atender un ciber en una villa que solo tiene ese nombre para camuflar el hacinamiento?» Temáticas político-sociales ya trabajadas en Panaderos, tu anterior novela.

La novela está situada en el año 2013, año en que el internet aún no era tan masivo. La única forma de conectarse que teníamos muchos en nuestras villas fueron esos cíbers decadentes llenos de luces de neón y teclados aporreados. Allí se formaron regimientos de niños ratas. Pero a pesar del alienamiento social, hay un entorno real que los circunda. La novela indirectamente aborda cómo y de qué vive la gente en las villas o poblaciones de Chile. Si hablo de las vidas de esos jóvenes estoy por la fuerza tocando temáticas político-sociales. Las ampliaciones, los negocios por cuenta propia, los jóvenes arrancando de sus casas, la ausencia eterna de los adultos debido a su carga laboral.

 

Al comienzo del libro el protagonista dice: «Considero que el mundo de afuera está lo bastante podrido como para importarme. Pese a todo a veces escapo, corro el riesgo de contaminarme». ¿Crees que seguirá siendo así después del estallido social? ¿Cómo ves lo que está pasando en Chile?

Llevamos tres meses de movilizaciones y los cambios no han sido significativos. Reformitas y bonos, apenas. No se toca la estructura económica heredada por la dictadura. Ni las AFP’s, ni los delitos de cuello y corbata, ni el saqueo de los recursos naturales, ni la tercerización laboral, ni se proponen mejoras para la educación pública en todos sus niveles. Chile sigue en el mesozoico. El congreso le sigue aprobando las leyes a un presidente con un 6% de aprobación. Yo creo que la mayoría de la población sabe lo que está mal, pero no saben cómo empujar cambios. Falta mucha organización, más colectividad, más estrategia. Hay que presionar hasta reventar a la clase política, pero no en las encuestas, porque ahí ya no tienen nada. Las redes de organización están renaciendo. Queda un largo camino todavía.

 

¿Qué textos, películas y/o videojuegos fueron fundamentales en la construcción de Throguel Online? Por la cantidad de imágenes que el texto proyecta, asumimos que hubo mucha documentación al respecto.

En libros, a pesar de lo literatoso del título, Casa volada de Francisco Ovando. Estructuralmente me demostró que podía hacer cualquier cosa que se me ocurriera. De ahí le abrí la puerta a todo. En audiovisual, la referencia inmediata es el animé Swort Art Online, que es el génesis de la novela; la alusión al título es obvia. Me interesó mucho el isekai, ese género de animé en que los personajes se transportan a un mundo de fantasía en el que se vuelven omnipotentes. Quería escribir un libro como un animé isekai. Esa intención la junté con mi experiencia en Lineage II, el juego MMORPG que jugué con mi primo en un servidor venezolano por casi dos años. Me pasé días enteros en ese juego. Muchos de los personajes del foro de jugadores son amigos que hice ahí. El 2011 empecé a escribir y me hizo un blog. El fallo judicial fue un trabajo más arduo.

 

¿Existe algún público objetivo para Throguel Online? ¿Apuntas hacia algún sector con tu nueva publicación

No escribí la novela pensando en un público específico. Son escasos los lectores de literatura chilena. Ni siquiera pensé que se iba a publicar. Después de varios años sin verla, la mandé a Planeta porque pensé que tenía un público más amplio, más consumidor de cultura audiovisual: estoy pensando en animé y videojuegos. Hay una comunidad gigante de personas que ven animé y se pasan jugando en consolas o computadores. Aposté un poco a eso también. No creo que sea una novela pop, solo espero salir del pequeño círculo de lectores santiaguinos, ojalá que se lea más en las villas y poblaciones desde donde pensé la novela.

 

Has publicado en Overol, Hueders y Balmaceda Arte Joven, ahora pasaste a una editorial más grande y comercial como Planeta, ¿cuáles son las grandes diferencias entre publicar en una editorial independiente y una multinacional?

Creo que a tu pregunta hay que agregarle un condimento. En Balmaceda Arte Joven y Overol publiqué poesía, lo que acentúa enormemente las diferencias. Cuando se publicó Panaderos, solo un periodista aludió a Camarote, nadie más lo conocía. Claro, ese periodista trabajó en Balmaceda y mi editor de ahí le dio el libro. De Camarote a Panaderos hubo una gran diferencia de recepción, para empezar: salí en el diario. Vi la novela en librerías, también se comentó, aunque someramente, en una radio. En Planeta eso se acentuó: el libro está en casi todas las librerías, incluso en Punta Arenas (un amigo me mandó una foto de allá). Está en los mesones de novedades, los booktubers lo mencionan en Instagram, en fin. La diferencia es de visibilidad, básicamente. No hay mucha diferencia económica. Aunque, y esta es la desventaja, las multinacionales no están en las ferias más interesantes como la Furia o la Primavera, donde hay un gran público lector.

 

¿Qué opinión tienes de la crítica literaria chilena?

Me parece deficiente por no decir ordinaria. ¿Cómo no hay ningún crítico que se dedique a comentar poesía sostenida y seriamente?, ¿cómo no tienen ninguna inquietud por lo nuevo, por lo arriesgado, por lo extraño? Un crítico debería ser un curioso empedernido, así, entre las decenas de buenos libros que se publican al año, encontraría algo que le vuele la cabeza. Gracias al Suplemento Grado Cero y algunas revistas digitales no estamos en la indigencia. Los editores dicen que no reciben críticas o reseñas de poesía porque no se lee, ¿cómo no se va a leer si no se visibiliza, si no hay un trabajo de mediación crítica? Es lo mínimo, ¿o no?

 

¿Qué lees actualmente?

Estoy releyendo De ser numerosos de George Oppen, que es una joya, muy contingente. Los Cuentos completos de Hebe Uhart, la Obra reunida de Luis Cornejo que es notable, Irrupciones de Mario Levrero, otra joya que se sacó Montacerdos hace poco. Aniara de Harry Martinson, algo de Linspector, Arguedas, Cecilia Pavón.

Con mi lado de profe reviso Leer como un profesor de Thomas C. Foster y sobre la emoción en el poema de Alicia Genovese. Y ¿Quién le teme a la poesía? de Laurel, un agradable acercamiento a la poesía y varias formas de comprenderla, a propósito de visibilizar y mediar la lectura poética.

Por Joaquín Escobar

 

lector colaboraciones julian hebert ahora imagino cosas

 

Julián Herbert en un ejercicio totalmente innovador -y quizá también anti academicista- rompe los convencionalismos de los géneros. En su nueva entrega cruza distintos formatos, entendiendo que la literatura debe ser rota, fragmentada y después mezclada para volverse a (re) generar. 

El epígrafe con el cual comienza el texto es una canción de Él mató a un policía motorizado. El «Ahora imagino» del grupo argentino dialoga con cada uno de los textos que lo siguen, pues ronda la idea de recrear posibles mundos (íntimos) en los que las traiciones, las borracheras en los bosques y las felicidades lejanas se reproducen como ficciones sobre más ficciones. 

La portada del texto es una buena muestra de lo que se nos viene. Botellas de whisky, elefantes, fotos de futbolistas alemanes y adolescentes tirándose piqueros desde un cerro. ¿De qué forma se relacionan estos elementos? ¿Cuál es el diálogo entre todas estas partes?

Quizás no existe diálogo alguno, o quizás sí, la verdad es que no lo sé, lo importante es que Herbert durante todo el texto gambetea al lector con una popera elegancia narrativa. Nunca sabremos hacia dónde nos llevará su escritura, su prosa es un autito chocador que no tiene límites ni frenos. Construye sus relatos como un collage que pasea por Apacapulco, Wisin y Yandel, Talca, la colonia Zapata, John Wayne, Raúl Zurita, Luis Miguel y Byung-Chul Han. Cada relato en sí es un cúmulo de relatos. Es una ventana a otras prosas, pues cada párrafo podría resultar el comienzo o el final de un escrito mayor.

Ahora imagino cosas es un texto híbrido. A su vez funciona como novela, diario, crónica y ensayo. En los ocho relatos -que tampoco podríamos definir como tales- Herbert pasa de situaciones íntimas -los secretos de las puertas cerradas- hasta lo que nos atañe a todos, ese lugar público en donde existe un todo en el cual vernos -y sentirnos, quizá- identificados. 

 

lector graffiti discapacidad

 

por Daniela Arze-Vargas Donoso

 

Topamos piedras, sorteamos obstáculos, sentimos la proximidad de otro cuerpo y marchamos. Descubrimos caminos ocultos donde hay faroles apenas iluminados y una sombra desparramada por el piso que avanza en oscuridad. Distantes aparecen, ¡Tan lejanas las ventanas! Nos envuelve un vendaval de viento y ruido que  traspasa los cuerpos.

Silbamos y nuestra imagen por las calles es esperpéntica. El sonido de bastones es devastador. Alguien nos mira, nos está mirando.

Una melancolía rara nos aborda y desde nuestros ojos diversos, lloramos.

Percibimos la violencia de un ojo indolente, nos provoca un vehemente estallido en nuestra visión, en nuestra ruidosa forma de conceptualizar las formas.

Aguerridos por las doscientas treinta y cinco personas heridas de mirar, por Gustavo Gatica, por Fabiola Campillay, nos sumamos todas las banderas y salimos con nuestra diferencia al mundo que nos pertenece. Así, desde nuestras trincheras discursivas nos apropiamos del espacio, levantamos la voz como un grito y al igual que sonámbulos caminamos, todos juntos, como niños detrás de una larga fila larga.

Hablamos desde el arte, la literatura, la poesía, la música, la pedagogía, la filosofía, las ciencias políticas, la salud, el deporte y tantos y tantos.

Somos cientos de miradas diversas, unificadas en una sola visión despierta.

Tenemos nuestros oídos  golpeados  por la saturación de mentiras. Nos revelamos a sumar muertes, asesinatos y ceguera.

Observamos el desconocimiento siniestro de nuestras capacidades, donde persiste una peligrosa indefensión aprendida de parte nuestra.

Estamos por todos lados. Algunos cantan, venden, piden, trabajan. Hemos sido invisibilizados; en tiempos silenciosos. Otros esperamos con nuestros utensilios literarios a cuestas, nuestro momento.

¡Qué apabullamiento de ánimo! sentimos ante un discurso trunco. Los rojos ojos rojos se desangran ante una visión dolorosa y estallan en cientos de luces inoculadas, montones de imágenes sonoras.

Los pájaros replican desde sus nidos acústicos, millones de voces libertarias y nosotros andamos dolidos, llevamos a cuestas sombras y un devenir de cuerpos mutilados. Cargamos con sus ojos, la violencia de sus últimos días y su acontecer acontecido.

Contemplamos la valentía de sus caminos, distinguimos el espacio impregnado de ruidos extraños y observamos la justicia distante. El resplandor sonoro del combate, un estallido de flores bajo sus tumbas y sus caras de mujeres y hombres  develándose en pesadillas para sus verdugos.

Lucha tras lucha, evocaremos  la justicia del doliente grito libertario  en sus bocas, como  vestigios luminosos en nuestro andar, juntando  sus banderas a las nuestras, persistiendo en nuestra memoria, la sangre y el discurso compartido; la semblanza de un recuerdo amargo; las vidas  del duelo derramadas y la unión de un respirar colectivo.

Sangraremos por nuestros ojos, la violencia del estallido en montones de banderas, moviéndonos entre bocas repletas de palabras. Llevamos a cuestas nuestro cuerpo entero.

Intercambiamos gestos, consignas, roces y proximidad en el espacio. Queremos gritar y bailar un baile raro y espástico, con una alegría triste, pero hace tanto que percibimos diferente que el presente apesadumbrado, nos ha hinchado los ojos y enrojecido la mirada. Dejamos huellas en este, nuestro suelo fisurado y en rincones simbólicos de nuestra vista nublada, en ocasiones nos escondemos. Somos cuerpos arrojados. 

 

lector archivos pendrive

 

 

Los cerros nos reguardaron de la inconsciencia

 

Yo quiero devorar la estrella que se descuelga en esa montaña

     sabe al silencio que desgarra el viento

     es espejo que arde el fuego en nuestro rostro

Me imagino en el desierto

          en la cordillera americana

          en la cuna, qué cuna, hombre de mar

Los árboles a pie de ese cerro como anclas

sujetan la sangre de aves que cantan

            que ya no soy hijo

            ni tuve dos muertes

      ni mi madre estalló su parto, naciendo el espejo

                          pero que soy pájaro y cantan mis alas

Es así como escalo hasta el techo de mi casa en Niebla de Chile

para desprender mi sombra al mar que escucho

que descubrí su canto también desde las alturas:

           el canto del silencio, en el desierto

                                       en la cordillera americana

en la cuna, qué cuna, pájaro


(De Memoria de pájaro, 2019)

 

 

En las puertas del cráneo

 

Las campanas ladran en el jardín

y la primavera canta esa nueva canción de los recién nacidos

 

Las antenas las cuales me aprisionan

desde que yo, Pájaro, seré arrojado a ese micro mundo

            lanzando versos y plumas sobre una hoja

                   abrí las puertas del cráneo:

miré mi cuerpo

miré la jaula

miré el cerebro que envejecía

miré los tatuajes de la muerte

miré a contraluz el fondo de la jaula

             mis plumas se sacudían como serpientes

             algunas caían quemándose

             como cuando el invierno se alimenta

             del paracaídas de los recién nacidos

miré el fondo que se fundía

miré otro yo que no saltaría

miré ese yo que si saltaría

 

Los astronautas establecen habitable este cerebro

Los cerros aúllan

La lluvia no cesa

         Las voces de los pájaros van de piedra en piedra

Miré

miré finalmente

miré como retrocedía el tiempo

miré sus ojos

               –saltemos juntos– presentí que me decía

miré su boca cuando de un grito hizo aparecer mi lengua

miré su lengua cuando de un lamido mi plumaje reventó

                como capullos sin raza

miré su miedo

            –toma, Pájaro, este último invento: la palabra.

 

(De Memoria de pájaro, 2019)

 

 

Entre el sonoro canto de niebla de Chile

 

Rayo, tu despides con esa luz, el parpadeo de una piedra

asustada. De esa miel lamen los perros y enloquecen.

 

Pero el nido se empapa de la última lluvia del invierno,

como cuando el soplido del relámpago

alimenta esa última gota; la primera gota: sol verde.

Busquen en los estómagos de abejas.

Busquen en los ovarios del océano pacífico.

Busquen en los pasajeros de la tierra.

Busquen en los pedruscos idiomas de los acantilados

Busquen en los hondos bares

Busquen en los huesos del rayo

Busquen en los torbellinos de sus cerros

Busquen en los hombres de mar: semidioses de la costa

Busquen en los aparejos del pelicano

Busquen en los dientes del caballo

Busquen en los fluidos de la luna

Busquen en los pies de los trabajadores

Busquen en los vaginarios salones de la iglesia

Busquen

           en los

                  restringidos cantos del gallo

                            ante la mirada acechante

                                                     del tiempo:

 

Yo vi tragarse de un zarpazo el nido de Niebla de Chile.

De donde yo vengo el mar habla el mismo lenguaje:

                                                    Castro de Chiloé

                                                    pero no de Chile

es el mismo varón, hecho de greda y agua,

quien canta al borde esa voz azulada que me enseñó mi Madre:

(hijo o hija)

    sal al mundo, yo te doy la vida, guerrero o guerrera.

        Lleva nuestra tierra a otro pueblo, pero recuerda:

                   donde el mar te reconozca.

Niebla de Chile: rayo eres, rayo serás:

ten la tierra de mi pueblo que es tu pueblo:

reconóceme, rayo de la costa.

 

(De Memoria de pájaro, 2019)

 

 

Huesos


campanas invertidas repican

el sonido en reversa impacta la hora

a cada hueso que canta

llamándose al capullo

el país de pulmones embarrados

se machaca

se despluma

se martilla

el cuerpo ya no sufre en

esta mariposa

cantaré en los acantilados

por esta resurgente campana

que talla al país y

les entrego mi sangre

que podrida la tuya y la mía

tenderemos bajo los techados una luz donde caminar

 


(De Cuando aúllan los perros, 2019)

 

Piel Continental


Y yo que he abandonado la alevosía del océano,

lleno de venas como musgo está mi pecho,

he venido a caer a los pies del cielo,

las nubes embisten entre sí, he venido a caer;

escaleras florecen en mi pecho

y a América balancearse al borde, en cuyas calaveras clorofílicas;

el viento es mi piel, pero últimamente, pulmones arrimados

a las blancas hojas, empuñadas, devastadas,

y es donde únicamente he venido a caer, por este ciclo

de abrir y cerrar de ojos, donde encerrado las aguas

refulgen la sangre como granadas;

ya no gruñe, acaso, mi América, tu empedernida alma,

amasándote cuyas y todas las manos

de este cielo en donde he venido a caer,

qué, cuándo depondrás el pisoteo brutal

de mis hermanos abandonados por la piedad?

es que acaso, mi América, viril, he dejado de escuchar

tu verdadera proclamación, aterciopelado vaivén?

Y, este viento, es tu alma que recorre la

preñez de las piedras salpicadas desde mis manos, o

cauces arremolinados que intentan pronunciar

toda tu piel continental.

Yo no sé si el ave, como ampolletas parpadeantes

que se queman, ha surcado y rasgado esta manta gallarda,

pues, de día, los dialectos se despedazan al abismo solar,

pues, aun de noche, alcanzo a ver al último rostro en ti, América.

 

(De Cuando aúllan los perros, 2019)

 

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lector pedro chadicadi

 

Pedro Chadicadi, Castro, 1994.

Profesor de educación física. En el año 2016, algunos de sus primeros poemas fueron publicados en el libro Sótano 9, impreso por la biblioteca pública de Castro. Ha sido seleccionado en la revista valdiviana de cuentos de Gato Caulle 2017-2018, y participó en el Festival de poesía La chascona 2017 como escritor joven, organizado por la Fundación Pablo Neruda, en Santiago. En diciembre 2017, obtiene «Mención honrosa» en los Premios municipales Juegos Literarios Gabriela Mistral, con su poemario Memoria de pájaro. Mismo año obtiene financiamiento en la línea de creación del Fondo Nacional del libro y la lectura. En el 2019, obtiene «Mención de Reconocimiento» en el Concurso Nacional de Poesía Aristóteles España con su poemario Cuando aúllan los perros.

 

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