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lector omar chauvie elvira hernandez

 

Uno de los escritores que más me interesan de la poesía actual latinoamericana por su agudeza, irónia y lucidez es Omar Chauvié radicado en Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, por su manera poética y ensayística de retratar a la contra el proyecto neoliberal que se impone en nuestros países, oxida los simientes que hacen de la Argentina tan grande y vulnerable. Son momentos de vuelta al tino y al progreso en el país trasandino, tras el gobierno de Mauricio Macri, les dejo con esta entrevista al poeta nacido en La Pampa en 1964, quien ha publicado los libros de poesía Hinchada de metegol (Vox, Bahía Blanca, 1997), El ABC de Pastrana (Vox, 2003), Ernesto Guevara quiere ser Papá Noel y otros papeles (17 grises editora, 2010), Escuela pública (Vox, 2013) y Deuda & Literatura (Club Hem, 2017). Participó en distintas antologías y es profesor de la carrera de Letras en la Universidad Nacional del Sur.

Por Ernesto González Barnert

 

-Cuáles son las ideas motrices que te empujaron a escribir Escuela Pública y reflexionar desde esa impronta la poesía, una historia del país, de la educación?

Creo que son preocupaciones que me acompañan desde hace mucho, aunque en distintas combinaciones, desde que empecé a escribir. Casi todos los proyectos encuentran un momento en que logran condensarse las distintas líneas que vienen acompañando tu reflexión en el trabajo poético, que no son ajenas al acontecer de la cosa pública, y aun, a las vidas particulares. En ese sentido, había y hay una pregunta muy sencilla pero inmensamente política en un país como la Argentina: ¿Cuándo y cómo aprendemos a leer? ¿Y de qué manera ese aprendizaje trasciende, de una manera amplia, la situación individual de cada persona? La lectura y la escritura como herramientas que pudimos utilizar, también disfrutar, gozar, a partir de un momento dado (fines del siglo XIX), desde su ampliación a nuevos sectores de la población, generaron una transformación de las percepciones, pero no fueron un bien permanente o estable. Esas preguntas, esas inquietudes, respecto de la posibilidad de acceder a un modo de compartir y repartir formas de sensibilidad y hacerlas materia común, me ayudaron a escribir ese libro, me persiguieron y me persiguen.

La educación pública aquí resulta un patrón, se constituyó en una herramienta estatal clave, desde ese época, como estructura catalizadora, homogeneizadora en un país que se conformaba desde lo disímil.

De todos modos, eso no es una condición constante y, tal vez, lo pensaba desde uno de sus periodos de cambio. Hay, hubo y habrá un discurso remanido respecto del sistema educativo y sus crisis que me preocupa como legitimación de políticas restrictivas y como simplificación frente a las transformaciones más generales. Estos aspectos estuvieron y están pensados desde la poesía, buscando las conexiones laterales, las distintas refracciones que generan, la historia, el sistema educativo, las diversas subjetividades que pasamos por allí, que se construyen allí.

Al mismo tiempo, la poesía también es una herramienta educativa, no formal, que conforma otros aprendizajes.

-No me acuerdo quién me dijo que el mate ocultó el hambre en nuestras tierras. En tu libro Deuda & Literatura, donde trabajas esta idea matriz, hay un verso maravilloso y sobrecogedor: «Mate es una infusión y es una forma conjugada del verbo matar», me interesa desentrañar cómo mate y poesía juegan en tu obra, dentro de la literatura argentina?

El mate, la acción de tomar mate, está entre nosotros, de diferentes formas, desde los tiempos prehispánicos y se incorporó de manera ineludible a nuestras vidas. Por el valor comercial de la yerba (menor que otras infusiones y bebidas), si bien atraviesa todas las capas de la sociedad, es un recurso para la alimentación, una de sus formas más menesterosas: «mate y morta»(1) decía un vecino mío al describir su dieta cuando no tenía trabajo. Y, como la coca en el altiplano, funciona como una posibilidad frente a la sed, el hambre, incluso, en la tradición popular, es un lenitivo frente a la tristeza o la soledad; y fundamentalmente, está asociado a los vínculos porque, por lo general, tomar mate es una acción grupal. No sé si escribí mucho sobre el mate o sobre mates, pero sé que está presente en todo lo que hago. En esos tres o cuatro textos que están incluidos en D&L hay una operación que persigo referente a temas que me parecen centrales en la cultura argentina, que pueden definirse a partir de alguna singularidad de la lengua, la pronunciación, la ambigüedad de su constitución y de las palabras que lo definen…

 

-¿Cuál crees es el aporte de la poética mateísta en una mirada de conjunto, grupo literario con el que se te vincula?

No creo que sea certero hablar de una poética, sí de un conjunto de prácticas, búsquedas, que pudieron incidir, definir, incluso, estéticas individuales. En ese sentido, pudo ser una instancia generadora de poéticas. Creo que tanto en mi caso como en el de los diferentes integrantes de aquella aventura (los poetas Sergio Raimondi, Marcelo Díaz, Fabián Alberdi, artistas plásticos como Silvia Gattari y muchos más que participaron de manera espaciada), hay instancias constitutivas del trabajo de creación que dependen de esas investigaciones que el grupo hizo en la calle, en ámbitos públicos, en los espacios comunes, de la necesidad de definirse en esos ámbitos, con actividades multidisciplinarias, de participación abierta. A su vez, una atención al manejo de recursos escasos o muy económicos (como el mate y la morta), con el afán de hacerlo eficientes y capaces de circular lo producido en medios cada vez más amplios, de correrlo de sus centros y de sus locaciones más habituales.

-¿En qué estás embarcado hoy literariamente?

Una vez que empezamos a escribir, siempre estamos preocupados por ver el modo de salir de lo último que hicimos. Ese es el gran proyecto. En primer lugar, ahora, se trata de salir un poco de D&L. Y, concretamente, estoy en un plan que tiene un eje más local, más regional; si bien eso creo que está siempre en lo que escribo, esta vez hay una mirada más larga, más histórica, si se quiere, que parte como otras veces de la lengua, de la constitución de una lengua, de la posibilidad de crear una lengua en una región determinada como la que yo vivo. Eso, por un lado, por otro, hay un proyecto que tiene que ver con la esfera de los sueños; frente al intento de tanto libro con marcas de racionalismo estatal, de discursos sociales, políticos, militantes, me convoca un libro de sueños, seguramente, porque no son dos cosas tan distintas.

 

lector omar chauvie

 

-¿Cómo catedrático de Letras me gustaría me recomendaras cinco libros raros, extraños o inquietantes dentro de la literatura nacional que consideres que no se han estudiado lo suficiente?

Cinco libros con esa condición, en este tiempo en que se trae a la luz tanta cosa, no es sencillo, pero intentemos. Los libros de viajeros en la literatura argentina, aunque tienen buenas horas de estudio, vale que se los incluya: el libro de viajes de Francis Bond Head, un inglés que recorrió las Provincias Unidas del Rio de la Plata a principios del siglo XIX; aunque se lo ha estudiado bien, el libro Viajes de Sarmiento, así como sus artículos periodísticos (Viaje a Valparaíso (2) es una compilación de notas escritas en su etapa en Chile). Como hablamos del mate: El mate. El arte de cebar y su leguaje de Amaro Villanueva. En la cambiante literatura del presente, como tal, poco revisada aun, hay mucho por ver y pensar, selecciono dos, con la certeza de ser brutalmente injusto: Las fórmulas de Carolina Rack (editado en Chile por Overol), Notas de una sombra de Ariel Williams.

Aira siempre es inquietante, propongo, Episodio en la vida de un pintor porque, como alguno de los anteriores, conecta nuestros dos países.

 

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(1) Morta es apócope de mortadela, uno de los fiambres más económicos.

(2) Editado en Santiago por la UDP hace unos años.

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